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sábado, 10 de diciembre de 2011
'A palabras necias....'
«Escuchar es aplicar el oído para oír, poner cuidado y atención para comprender lo que se dice. Oír es la percepción material de cualquier ruido en el órgano del oído. Se escucha por voluntad, por deseo, por interés, por saber, por curiosidad; se oye por obligación, por casualidad, involuntaria, forzadamente: oímos muchas cosas que no querríamos oír, que nos daña el oírlas, que no podemos evitar el oírlas. Escuchamos aquello que nos interesa oír, que nos es conveniente o grato. No podemos muchas veces menos de oír lo que es en nuestro daño, lo que nos causa injurias; quisiéramos escuchar a menudo lisonjas, pocas veces oír verdades, sobre todo amargas (...) Muchas veces nos conviene hacer como que no oímos, otras nos daña el ponernos a escuchar, pues nada bueno venimos a saber. Oímos cuanto pasa, escuchamos lo que nos acomoda.»
Pedro María Olivé
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Lo más probable es que no llegasen a estar 500 días juntos,
pero sí pasaron la mitad de ellos entonando
canciones absurdas de amor, intentando llenar vacíos con mensajes ñoños e
ilusionistas, elaborados por cantantes adictos a la histeria, al dolor y a la
pasión. Una mezcla que pocas veces gusta...
Otros tantos se dedicaron a jugar al escondite, al 'ver quién aguanta más
fingiendo en este ruedo', a esparcir sentimientos de cajón entre muchos días
grises, y a hacerse el amor con los ojos por un pasillo abarrotado de gente, con
la picardía de que no les llegasen a pillar nunca juntos. Porque eso fue todo
lo que lograron hacer, fue todo lo que consiguieron salvar: una retahíla de
emociones sueltas y pocas acciones a la vista. Y así acabaron, nauseabundos,
más extraños y náufragos que nunca.
'' I only wanted you as someone to love,
but something happened on the way to heaven
it got a hold of me, and wouldn't let go...
How many times can I say I'm sorry '' (...)
Phill Collins, Something Happened on the Way to Heaven
lunes, 5 de diciembre de 2011
Se reunió con ella después de un largo tiempo, ya más que pasado por agua y circunstancias...
- Lo siento, he conocido a alguien. Tengo una nueva persona en mi vida que me quiere y me apoya en todo lo que hago, y un más que claro futuro por delante... Pero cuéntame, ¿qué hay de ti ?
Cerró los ojos en un intento desesperado de esconder sus lágrimas, pero solo consiguió traer imágenes vivas a su memoria. Recuerdos: la manera en la que ella compartió su dolor antes de todos aquellos momentos felices, antes de su orgullo, antes de la tormenta... No pudo seguir el juego...
- Disculpa...¿nos conocemos?
viernes, 18 de noviembre de 2011
Como no puedo darte nada,
que te queden mis versos,
mis canciones haladas,
una ira de sentimientos no en vano,
una triste y absorta mirada
Como no puedo darte nada,
ni cielos, ni el mío, ni el ya creado,
quizás bendiciones esclavas,
iras que ya naufragaron
Te llevaste días, años, rompecabezas,
un corazón desierto y unas cuantas ciencias muertas,
una idiotez, un hechizo de niña, un encanto de mujer
Fue tanto y no llegó a ser,
así que encuentres mares y besos despejados.
mis canciones haladas,
una ira de sentimientos no en vano,
una triste y absorta mirada
Como no puedo darte nada,
ni cielos, ni el mío, ni el ya creado,
quizás bendiciones esclavas,
iras que ya naufragaron
Te llevaste días, años, rompecabezas,
un corazón desierto y unas cuantas ciencias muertas,
una idiotez, un hechizo de niña, un encanto de mujer
Fue tanto y no llegó a ser,
así que encuentres mares y besos despejados.
domingo, 13 de noviembre de 2011
viernes, 11 de noviembre de 2011
El mundo está loco,
unos días me llegan noticias desde tu viejo aeropuerto, de repente se quedan inconscientes todos los malentendidos atropellados por mí, y en una hora exacta y equilibradamente calculada, llega tu voz. A lo lejos, entre las sombras, en tu anhelo. Y aprender a leerte entre líneas cuando afirmas que las cosas van bien, cuando en realidad van realmente mal.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Y Mia Rogers se agachó,
como se agacha cualquiera ante un problema que tiene sed de nosotros. Con hambre, con ímpetu, sin conocimiento. Y en menos de dos segundos, su peinado a los años cincuenta ya rozaba con suma delicadeza la mesa del comedor principal bajo la que se encontraba. Un largo mantel dorado pasado de moda se extendía por encima de ella, lo que hacía más fácil y triste su ''escondite perfecto''. El segundero del reloj se apresuró en recordar su existencia, y con un débil 'cucú' dieron las tres, una hora que últimamente se había convertido en una salida de emergencia para ella.
La verdad es que Mia poca veces empleaba sus fuerzas en refugiarse de situaciones incómodas, pero esta vez era necesario. Y tristemente razonable... En solo dos semanas había contemplado de que forma todos sus planes de futuro se veían interrumpidos, Y el culpable de todo aquello no era más que una figura meramente humana. Pero Mia sabía que no se trataba de cualquier persona, sino que era él. Esa clase de ironía dibujada sobre unos cuantos modales, en su forma de andar. Era esa condescendencia con la que trataba a los demás, sin importarle quién o quiénes podrían haber sido fatídicos y principales oídos de sus mentiras. él era todo lo que una chica atolondrada de trece años hubiese querido tener: locura y ansiedad unidad en un enfoque integral de las cosas. A diferencia de que Mia presumía ya de unos estridentes veintiséis y un elegante plan de boda que nadie, absolutamente nadie, se vería con agallas de arruinar. Pero se equivocaba. Porque allí estaba ella, observando muda y somnolienta cómo unos relucientes zapatos negros de charol se atrevían a pisar el mismo suelo que ella. 'Suerte que no me ha visto',- pensó de inmediato.
-Señorita Mia, ¿no le parece ya de por sí ordinario que una joven refinada y con maneras, como lo es usted, ande escondida entre una tela de comensales?
Y fue así como dos tristes avellanas grises la miraron, vistiendo una precaria sonrisa de revista y tendiendo una mano dispuesta a ser estrechada. Se oprimió, deseó desvanecerse en ese mismo instante. Pero sabía de sobra que más le valía dar una respuesta amigable y sonar lo más cuerda posible.
- La verdad es que yo... pasaba por aquí.
-Ya lo veo...¿aficionada al juego del escondite?,- y sonrió de forma un tanto infame, divirtiéndose en su propio juego de palabras.
-Oh sí...,- enrolló nerviosamente sus dedos en uno de los rizos que bailaban fuera del recogido,- junto con encontrar baches en mi camino, es una de mis actividades primordiales...
Fue allí donde se rindió, donde supo que dormir bajo mesas del siglo XIX no iba a evitar lo inevitable... Sucedió entonces que a Mia ya no le quedaron más segundos planes.
La verdad es que Mia poca veces empleaba sus fuerzas en refugiarse de situaciones incómodas, pero esta vez era necesario. Y tristemente razonable... En solo dos semanas había contemplado de que forma todos sus planes de futuro se veían interrumpidos, Y el culpable de todo aquello no era más que una figura meramente humana. Pero Mia sabía que no se trataba de cualquier persona, sino que era él. Esa clase de ironía dibujada sobre unos cuantos modales, en su forma de andar. Era esa condescendencia con la que trataba a los demás, sin importarle quién o quiénes podrían haber sido fatídicos y principales oídos de sus mentiras. él era todo lo que una chica atolondrada de trece años hubiese querido tener: locura y ansiedad unidad en un enfoque integral de las cosas. A diferencia de que Mia presumía ya de unos estridentes veintiséis y un elegante plan de boda que nadie, absolutamente nadie, se vería con agallas de arruinar. Pero se equivocaba. Porque allí estaba ella, observando muda y somnolienta cómo unos relucientes zapatos negros de charol se atrevían a pisar el mismo suelo que ella. 'Suerte que no me ha visto',- pensó de inmediato.
-Señorita Mia, ¿no le parece ya de por sí ordinario que una joven refinada y con maneras, como lo es usted, ande escondida entre una tela de comensales?
Y fue así como dos tristes avellanas grises la miraron, vistiendo una precaria sonrisa de revista y tendiendo una mano dispuesta a ser estrechada. Se oprimió, deseó desvanecerse en ese mismo instante. Pero sabía de sobra que más le valía dar una respuesta amigable y sonar lo más cuerda posible.
- La verdad es que yo... pasaba por aquí.
-Ya lo veo...¿aficionada al juego del escondite?,- y sonrió de forma un tanto infame, divirtiéndose en su propio juego de palabras.
-Oh sí...,- enrolló nerviosamente sus dedos en uno de los rizos que bailaban fuera del recogido,- junto con encontrar baches en mi camino, es una de mis actividades primordiales...
Fue allí donde se rindió, donde supo que dormir bajo mesas del siglo XIX no iba a evitar lo inevitable... Sucedió entonces que a Mia ya no le quedaron más segundos planes.
Que sí,
que no quieres creerme, pero un día de estos te quedarás por ahí. Pero antes de marcharte, dale cuerda a mis zapatos, que quedaron desgastados y sucios de tanto ir detrás de ti. Puedo jurarte muchas cosas, pero de que serviría. Además, cuenta como que en realidad no quiero contártelas, ya que si no estás a mi lado, no es lo mismo. Ahora detente un segundo, cierra los ojos y escúchame. Imagina una plaza llena de gente sin emociones, una heladería de sibaritas en medio de la nada, nieve cayendo en una tarde asfixiante de verano sobre el Pacífico. Sería absurdo, ¿verdad? Bueno, del mismo modo sería igual de absurdo echarte de menos cada vez que recuerdo la de veces que me diste a entender que mi vida no llegaría a ser lo mismo sin tu dolor. Reyes o no de los absurdos, en mi océano particular sigue nevando.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Lo siento.
''So this is where you are
And this is where i've been
Somewhere between
Unsure and a hundred''
¿Hacia dónde íbamos?
.
And this is where i've been
Somewhere between
Unsure and a hundred''
¿Hacia dónde íbamos?
.
martes, 1 de noviembre de 2011
Se dejó caer en la silla, se desplomó.
Por primera vez en su vida fue consciente
de lo que pasaba a su alrededor. Miles de personas enfermas descansaban como
podían en cada una de las habitaciones de aquel lugar, aquel hospital que
empezaba a estremecerle. Largos pasillos de color blanquecino se abrían en
medio de quién sabe cuántas noticias malas que transcurrían allí a lo largo de
todo un día. Mensajes como ‘tiene usted cáncer’ o ‘es mucho mejor de lo que
pensábamos’. Pero a ella le había tocado el lado malo de la moneda esta vez. A partir de ahora, sería mucho más difícil ser amiga de la normalidad.
domingo, 30 de octubre de 2011
Más que nada, era el sabor
La miel que dejabas sin saberlo todos los días. ¿Todavía no comprendes que eras algo por lo que seguir soñando? Inspiración, yo no sabía que era eso hasta que te conocí. Quizás no lo recuerdes, pero es algo que yo guardo en mi memoria con un candado, y cuando me apetece, lo revivo, y es como si volviese a ser ayer. Ese día, el día en el que calaste hondo en un alma sin sentido, a golpe y porrazo, sin preguntar. Me di cuenta, tonta de mí, que llevaba enamorada toda mi vida de ti, toda una vida sin saberlo, todo un siglo preguntándome dónde estaría, quién sería la persona. Y te guste o no, eras tú.
Lo sé,
sé que van a pasar muchas Navidades, unas cuantas noches de fin de año e infinitos cumpleaños sin poder evitar acordarme de ti. Ayer lo estuve hablando con ella, (ya sabes, esa única musa que consiguió mantenerte durante más de cinco segundos sin respirar el día en que la conociste, aquella que se ocupó de que volvieses a coger una brocha entre tus dedos y pintar), y me comentó lo que ya me temía. Al igual que todo el mundo, ella tampoco se lo esperaba. ¿Para qué abandonar un mundo en el que casi todo lo que te rodea se acerca simultáneamente a la perfección, una vida llena de personas que te quieren, una familia y un arte al que brindar algo de tu propio ser? Por más que busco, no hallo respuestas. No quiero entender que fuese eso lo que buscabas, que quisieras desaparecer del todo, para siempre. Ya sé que han pasado casi seis años pero, qué quieres que te diga, no me acostumbro a estar sin ti. Ella tampoco. Llámame antigua, reclamante de sueños perdidos... ¿Quién no iba a echarte de menos después de ver cómo muere el Sol una lánguida tarde de verano?
sábado, 15 de octubre de 2011
Nunca les creí,
jamás se me pasó por la cabeza escucharles. Decían muchas cosas, de las cuales era difícil adivinar las que eran cien por cien verídicas. Una de ellas, la que más repetían, trataba sobre el amor, ese tema ya tan desgastado... Invitaban a hacerte creer que podía ser así, que un órgano vital para cualquier persona podía sentirse perdido, podía dividirse en dos mitades perfectas, exactas. Y en cada una de ellas, llevar colgada a una persona. 'Es interno, nadie puede percatarse de ello. Solo tú puedes sentir su carga, su dolor...' La llamaban la enfermedad de los engaños, de las mentiras, de las traiciones... de las pasiones. ¿Tenía cura? ¿Existía algo que pudiese hacerte elegir? Era la única pregunta que no llegaron a responderme, quizás porque tampoco lo sabían, o porque jamás querían haberlo averiguado. Por eso nunca les creí, nunca quise hacerlo... hasta que no me quedaron más opciones posibles.
domingo, 2 de octubre de 2011
Sé que te sientes nadando entre las horas,
que vagas por ahí, entre espinas, que no te gusta lo que oyes, ni lo que dicen de ti. Que te encantaría cerrarle la boca a cualquiera que te llamase 'diferente', que le explicarías el significado de no ser como los demás. Que te autodestruyes, que te lamentas, que no quieres ver la cruda realidad. No eres perfecta, ni mucho menos pero, ¿sabes un secreto? Nadie lo es. Ellos tampoco.
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