miércoles, 19 de enero de 2011

Al final,


cuando la ola decide chocar, romper contra su infortuito destino, la gente solo se fija en la espuma, en el rastro que ha dejado atrás todas las huellas ahora borradas.


lunes, 17 de enero de 2011

Belleza.

"La belleza que atrae, rara vez coincide con la belleza que enamora." - José Ortega & Gasset

La belleza, siempre según con los ojos con que la mires...

domingo, 16 de enero de 2011

Sábado.

Me encuentro en una cafetería, con una amiga de toda la vida, que ha venido desde Madrid.

- Tenemos que hablar de muchas cosas,- me suelta cuando las dos ya estamos sentadas en una pequeña mesa, una en frente de otra.

Margaret, que así ha sido como me ha pedido que la llame, tiene 25 años, y como ya he dicho antes es una amiga de toda la vida, desde que yo tengo conciencia. A pesar de nuestra diferencia de edad, ella siempre ha sido para mí como una hermana mayor, que se preocupa por todo lo que hago y calcula cualquier movimiento con precisión. ¿Controladora, tal vez? Para nada... Eso sí, es la persona más sarcástica que conozco, capaz de desenfundar su humor en las situaciones más serias y triviales. Continúa sus estudios de periodismo, y vive en un piso bastante concéntrico de Madrid, con su novio Dani, más loco que una cabra, todo hay que decirlo, aunque lo de buena persona no se lo quita nadie... Hacía tiempo que no la veía, pero hoy está aquí, decidida a realizar su juicio habitual.

- Claro, ¿hay algo en concreto de lo que quieras hablar?

De repente una sonrisa maliciosa y encantadora se posa en ella, seguida de un brillo en sus ojos a causa del interés, quiere saber...

- Háblame del chico ese que te trae loquita.

Vaya, terreno pantanoso. Advierte mi silencio y empieza a hablar. Cuando Margaret empieza su diálogo, ya no hay quien le pare...

- El otro día leí lo que escribiste, ya sabes que soy fan de todo lo que escribes desde siempre, ¿no?,- hace una pausa que se ve interrumpida al ver que yo asiento con la cabeza,- pues bien, no sé cómo decirte esto, pero me parece que te estás equivocando.

- ¿Te refieres a lo de intentar olvidarle?

- Sí, a eso mismo. Estoy sorprendida porque tú eres la que siempre ha defendido que los sentimientos hacia una persona no se pueden negar, que deben ser expresados con naturalidad. Ahora dime, ¿por qué has cambiado tan rápido de opinión?

- Ya lo había pensado antes, es decir, Dios, es tan difícil....

Suspiro, y ella coge mi mano con fuerza, me da ánimos para continuar.

- Verás, creo que esto no iba a ninguna parte.

- ¿Qué quieres decir con eso? Explícate.

- Pues, que cuando no estás segura de lo que puede sentir la otra persona... Mira, te lo diré sin rodeos: creo que yo no le importo para nada, solo soy una persona más que a veces se encuentra en su vida, nada más.

- Mírate.. ¿oyes lo que estás diciendo? Alba, crees, pero no sabes. ¿Te acuerdas de cuando yo estaba colada por Dani? ¿Antes de empezar a salir con él? ¿Qué me decías entonces, cuando yo tenía mis dudas?

- Te decía que érais un par de idiotas que no sabían como acercarse el uno al otro, y que lo que importaba era lo que tú sentías.

- Exacto. ¿Y sabes qué te digo yo en este momento, cuando veo que estás metida en una situación parecida? Que sigas adelante, con lo que sientas. Nadie puede cambiarlo, ni siquiera tú, aunque lo intentes un millón de veces, sabes que recaerás. Dices que estás intentando olvidarle, pero ahora dime, ¿te está dando resultado?

¿Qué si me está dando resultado? Veamos, como poco, apenas puedo dormir y me cuesta concentrarme en casi todo lo que hago. Sí claro, mucho resultado...

- Lo estoy llevando como puedo, cuestión de tiempo, supongo...

- No, te diré lo que estás haciendo: te estás engañando a ti misma, y eso es lo peor que puedes hacer, amiga mía. Solo porque se te ha metido en la cabeza que no le importas nada. Dichosa adolescencia...

- No quiero causarle problemas, eso es todo. No quiero ser una niña estúpida que vaya detrás de él incordiándole.

- Una cosa, ¿verdaderamente crees que supones un problema para él?

- Bueno, en cierto modo sí. Escribo sobre lo que me hace sentir, reflejo mis sentimientos de alguna forma, a veces le miro a los ojos sin que él me vea, y no puedo reprimir una sensación de calor en mis mejillas cuando está cerca. Cuando escucho música, la mayoría de canciones me recuerdan a él, igual que cuando escribo alguna canción va dedicada a él. De algún modo, debo de ser una molestia.

- No te lo tomes a mal, pero eres estúpida. Muy estúpida si piensas que eres una molestia para él.

Vale, entonces lo admitiré. Soy muy estúpida, ¿contenta? No, Margaret nunca está conforme...

He bajado los ojos, y entre mis manos estrujo mi bolso, como si él me pudiese dar una solución a base de apretarlo entre mis dedos. Me ha dejado sin palabras, y lo peor de todo es que sé que en parte ella tiene razón.

- Escucha, si de verdad estás segura de lo que sientes por él, no intentes cambiarlo, aunque eso...

- Pero si ya te he dicho que lo más seguro es yo no signifique nada para él,- la interrumpo.

- ¡Al carajo!,- una de las expresiones favoritas de ella,- ¿Vas a cambiar lo que sientes, sabiendo aún así que es imposible de cambiar, solo porque se te ha metido esa idea absurda en la cabeza? Señorita Alba María Rubio Arias, ya va siento hora de que asumas las cosas. Y sabes que te lo digo con todo el cariño del mundo. Ahora, admite que lo quieres.

Oh, vamos. Eso no ayuda para nada, nada en absoluto...

- Creía que me apoyarías en mis decisiones..

- Y siempre lo hago, siempre que las decisiones son acertadas. Ahora, admite lo que te he dicho, por favor.

Esa ha sido su petición, que sigue esperando respuesta. Porque no llegué a pronunciar esas palabras que ella esperaba que dijese, porque simplemente le dije que mejor otro día, otro día en el que las cosas no fueran tan difíciles. Porque, si digo eso, quizás a ti no te haga la menor gracia.

- Una cosa más, como sé que todas las cosas interesantes van a parar a tu blog, y considero que esta ''discusión'' es una de ellas, y como te conozco y sé que lo escribirás con todo detalle, te pediría que utilizases otro nombre para mí.

Sonrío para mis adentros. Ella es tan amiga de las palabras como yo, e inventarse una nueva identidad para ella es casi como un juego.

- ¿En cuál habías pensado?

- En Margaret. Como Margaret Quinn. ¿Sabes a quien me refiero?

- ¿Esa protagonista que relata la historia de amor por su hija, la que desaparece sin dejar rastro?

- Esa misma, una mujer valiente, que no se rindió en ningún momento, que luchó por lo que quería.

- Está bien,- y miro a la cara a la nueva persona que tengo delante,- un placer conocerla, Margaret Quinn.

E inevitablemente, mi amiga y yo estallamos en grandes carcajadas sonoras.

lunes, 10 de enero de 2011

Au revoir Dieciséis.
















No tan buenos como pensaba, no tan malos como pensé que iban a poder acabar. Porque siempre estás a tiempo de abrir los ojos, de rectificar y de ver lo verdaderamente valioso que hay en tu vida. Mi vida. Está llena de personas que me quieren, y a las que yo quiero. Por encima de todo, no hay nada más valioso que ellas. Sus risas, sus locuras, sus ganas de escapar... Tener 16 años no ha sido nada fácil, pero al lado de las personas que me importan todo es superable. Antes, un simple bache podía parecer todo un problema, ahora sé saltarlos con facilidad. Y sé reírme de mí, de la vida, de los problemas, de las personas estúpidas y, sobre todo, de las cosas absurdas. Porque no hay nada mejor que una buena sonrisa en este mundo, una sonrisa que demuestre que sabes mantenerte en pie. Durante todo este año ha habido bajones, caídas grandes, y carreras sin frenos. Pero también he tenido la oportunidad de aprender, de salvarme. Risas, miedos y unas ganas incontrolables de hacer locuras. Escribir con el corazón, como en este instante. Tantas cosas... Pero no hubiesen sido posibles sin todas esas personas. Gracias, mil gracias desde lo más inhóspito de mi alma. Juro que nunca olvidaré este año. Juro que seguiré siendo yo. :)



sábado, 8 de enero de 2011

Soportable.

Llevadero, aunque no sé por cuanto tiempo más. ¿De dónde voy a sacar más paciencia, más esperanzas, más sueños? Si todo eso lo guardas tú, veo difícil cómo seguir caminando sin miedo a hundir mis pies en el barro. Es como un punto de luz, que emerge con el nombre de la felicidad, y se sostiene en ti. Pero claro, como vas a verlo, si estás ciego... Delante de ti, un par de veces a la semana, de lunes a viernes, de nube en nube, dando saltos de vértigo pero sin llegar a caer jamás. ¿No lo entiendes o simplemente no quieres darte cuenta? No merece la pena seguir fingiendo, volver la cabeza hacia un lado cuando en ese instante... Ese instante, ese momento, es para mí difícilmente indefinible. Todos los malos sueños, todas las carencias ingratas, todos los aullidos que viven conmigo día a día se esfuman. ¿Con un chasquido de mis dedos? No, solo con un gesto, algo que me hace creer que hay algo por lo que seguir luchando, por lo que mantenerme en pie. Si no fuera así créeme, esto no tendría sentido. Quizás hubiese hablado con brevedad del tiempo, o hubiese cuestionado el egoísmo que pueden ejercer algunas personas. Es verdaderamente increíble, aún me sigo sorprendiendo de lo que una persona puede hacerte sentir. Magia, diluvia en mí a todas horas.

viernes, 7 de enero de 2011

Miedo.

- Hoy le has vuelto a ver, ¿verdad?
- Sí, tan distante como siempre. Llevaba horas esperando ese momento del día. Tenías que haberle visto, estaba ahí, a pocos pasos de mí, y ni siquiera me ha visto, ni siquiera me ha mirado.
- Te quiere.
- ¿Cómo puedes decir algo así? No existo ante sus ojos.
- No creo que sea así, lo que yo creo es que tiene algo de miedo.
- Eso es absurdo... ¿Miedo a qué?
- Detente un segundo para pensar esto: imagínate que tú estuvieses en su piel, que mirases a través de sus ojos, y que sintieses algo especial por una persona. Le mirarías, sin duda, pero con el suficiente sigilo y toda la prudencia del mundo para que esa persona no se diese cuenta de que le estás observando. Por el miedo, sin duda, de que esa otra persona no sienta lo mismo. Miedos humanos, ya sabes.
- Entonces, miedos compartidos. ¿Es eso lo que quieres decir?
- Exacto. El miedo es el que te impide ver lo que hay realmente, y si los dos hacéis lo mismo siempre que os encontráis, es bastante absurdo. Mi consejo es que seas un poco valiente, y que la próxima vez que le veas, le mires a los ojos con toda la calidez que guardas para él. Es imposible que no sienta nada entonces...

jueves, 30 de diciembre de 2010

Como el buen vino,

de ese que se supone que deja cierto sabor agridulce en la boca. Se sostiene en frente mía, en la redondez de una copa de cristal humedecida por su color. Rojo intenso, como el de una manzana que quiere ser mordida, como el de una boca irritada por el frío invernal, como todas aquellas cosas que tenemos calificadas en el color rojo. La sangre, los latidos de un corazón... Para mí el vino podrá ser todo lo rojo que quiera, todo lo elegante que quiera parecer en una situación, pero nunca me parecerá dulce. Para mí es amargo, como muchas otras cosas que tiene una apariencia apetecible y, sin embargo, no guardan nada en su interior.


Hace tiempo creía guardar algo; un secreto inconfesable, una música brillante, un respiro al azar. Apariencia bonita, ¿verdad? Pero detrás de todo eso solo hay verdad: una persona, una canción y algo de oxígeno resbalando por tus venas. Todo o nada...


De acuerdo, creo haber llegado a comprender algo: una persona es capaz de transmitirte tal sucesión de ideas o cualidades que tú adqieres por defecto. Es tan sencillo como esto: quieres a una persona, y una mirada suya te hace soñar, hasta tal punto que esa pequeña e incomprendida milésima de segundo es capaz de crear destellos inconcebibles en ti. Y esos destellos se convierten en palabras, que de alguna forma quieres que esa persona sea capaz de asimilar. Sabes que es difícil, y sabes que existe esa posibilidad tan remota que hará que tus deseos no alcanzen su destino. Vertiendo realismo a este ejemplo podría ser una cosa similar a esta: después de dedicarte en cuerpo y alma a que esa persona sea capaz de percibir lo que tú intentas explicar durante tanto tiempo a través de palabras, a través de una forma que tú sostienes como buena, esa persona no lo captará. No lo hará, aunque insistas, aunque tu determinación y tu valor infundados luchen día a día contra todo aquello que quiere oponerse a lo que más quieres, a lo que más admiras. Llega un día en el que decides tirar la toalla, dejar atrás todo lo que para ti resulta valioso. Pero en realidad solo se trata de un círculo repetitivo, y lo sabes de antemano. A la mañana siguiente recordarás la luz de sus ojos, y un nuevo brote de esperanza infundada te hará desvanecerte otra vez, recayendo en esas palabras y apariencias que tanto esperan atraparte. Solo un día, quizás cuando le veas sostener la mano de alguien entre las suyas, o soltar un beso entre las mejillas del nombre de los labios, o sostener sus respiración con la suya propia, solo entonces morderás la manzana. Su brillo desaparecerá, te sabrá amarga. Y aquel rojo que concebías como el del amor se tornará gris oscuro. Me cuesta aceptarlo, pero sé que algún día de estos también me tocará morder esa manzana, probar esa corta trayectoria de tristeza. Quien sabe, a lo mejor ese día el vino empieza a ser dulce para mí.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Podría ser.

Hoy es esa clase de día en el que todas las nubes se juntan de repente y su tormenta cae encima de ti. Hoy también es esa clase de día en el que he perdido casi todas las esperanzas que me quedaban para seguir luchando por algo. También podría decirse que es el día en el que casi me acerco a ti y te lo grito todo. O quizás no, quizás solo hubiese podido mirarte unos pocos segundos a la cara y luego soltarte de forma absurda un típico 'Feliz Navidad'. Si hubiese tenido valor, que en estos momentos creo carecer de él, te lo hubiese contado. Te hubiese llamado por tu nombre y te hubiese dicho: hey, no puedo sacarte de mi cabeza. Y a lo mejor no pudiese haber añadido algo más si quisiera porque quizás tu hubieses soltado una carcajada, esa que quizás no quiero oír. Y si no te hubieses reído, ¿cuál hubiese sido tu reacción? De todas formas, dejando a un lado el sentido del ridículo, me hubiese desahogado. Te lo habría dicho, y a partir de ese momento las cosas cambiarían, no sé si para bien o para mal, pero cambiarían. A lo mejor esa es la única forma de abrir los ojos de una vez, de ver si estoy perdiendo el tiempo. ¿Amar a alguien es perder? Está claro que si no arriesgas no ganas, pero... ¿no sientes miedo de caer después de arriesgar? Y si nadie te coge en ese momento, te desplomas contra el suelo. Tampoco puedo pasarme la vida esperando un tipo de señal que sin duda no llegará. Estás dentro de mí, desde hace tanto tiempo... ¿Me creerás si te digo que eres la única persona por la que estoy realmente segura de sentir algo? De sentir algo tan fuerte que por eso sigo aquí hoy. Esta es la única forma que tengo para que al menos veas un poco de mi interior aquí, un trocito de lo que llevo dentro. Quizás lo leas por curiosidad, quizás te preguntes de quién estoy hablando, y posiblemente no te des cuenta de que eres tú. ¿Te lo has preguntado alguna vez? ¿Te has preguntado alguna vez si es posible que esa persona a la que amo seas tú? Siendo sincera, no sé que más puedo hacer, porque como he dicho antes, estoy dispuesta a caer, pero solo si sé que tú vas a estar ahí para cogerme. El día en que te des cuenta de lo que me importas, piénsatelo; entonces ya no tendré miedo de caer en ningún vacío.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Escúchame.

Me equivoqué, andaba perdida buscando una solución a todo, buscando una salida. Pensé que la victoria se hallaba cerca cuando lo conocí a él, pero no ha sido así. Ayer intentó besarme, ¿y sabes qué hice? Me aparté, me aparté porque me di cuenta de que no es lo que yo quería. Rectifico: no es lo que yo quiero. Lo que yo quiero en realidad es seguir perdida por ti, por tu sombra, por esas palabras que nunca has llegado decirme, por tus ojos, tu sinfonía... Aunque pienses que esto sigue siendo una estupidez no puedo cambiarlo. Como habrás podido comprobar lo he intentado, pero no ha servido de nada. Así que no pienso seguir luchando; ya no haré como si no existieras, ya no apartaré mi mirada llena de miedo por lo que puedas encontrar en mí, ya no habrá mas batallas; basta ya. Basta ya de mentiras, de disimular, de fingir. La verdad habla por sí sola, no necesita más palabras que estas para expresarse.

Pactemos una tregua entre tú y yo, dejemos atrás los errores, si es que alguna vez han existido. Y mírame, por favor, y escúchame, solo te pido eso. Dejemos claras la intenciones, yo ya no puedo seguir viviendo si ti, ver como pasas todos los días por delante de mi vida, verte en la lejanía, que cada día aumenta su interminable distancia.

No puedo seguir viviendo si ti...

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Ahora le ha dado por decir que la casualidad siempre avisa.

Es de locos, ¿no crees? Un día me dice que todo es de color blanco, al día siguiente la percepción que tiene sobre las cosas ya no es la misma. Esto cansa, fastidia y empieza a ser mundano. Todo con él iba a ser de otra manera, pero ya se sabe, la vida camina a su manera. Está aquí, en frente mía, pero no parece importarle, se entretiene con sus teorías, y yo mientras, con tus ojos en mi mente. No le culpes, no sabe hacer otra cosa desde que ha comprendido que estás muy lejos, y que esa distancia podría ser superable, con esfuerzo, pero superable. Pero hay una barrera./

Desvelaré un secreto para tí: creo que nadie tiene unos ojos tan llamativos y atrayentes como los tuyos, de un color abrasador. Suena un poco cursi, ¿verdad? Pero es mi forma de verte, y en ti veo algo que se acerca a la perfección. Aunque es bastante relativo, cada persona tiene una idea distinta de lo que a ello se atiene esa idea. Yo me aferro a la mía, porque quizás sea verdad, que la belleza está en los ojos del que mira. Si eso es así, deberías probar a pasarte un día por ellos, te sorprenderías.

Dicho esto vuelvo a la realidad de siempre y el sigue aquí, conmigo. Pero claro, no eres tú.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El arte de saber disimular

Una hora, una ciudad y una plaza poco transitada a media mañana. Dos ingenuos pretendiendo hacer arte...

- Mira, ¿la ves? Es aquella de allí... ¡Pero no te vuelvas tanto que se va a dar cuenta!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Resumen del día:

Sueño, más sueño; nada interesante. De repente tú. Apartas la mirada. Vuelvo a soñar otra vez.

lunes, 29 de noviembre de 2010

-Matemáticas.

- ¿Qué pasa con ellas?
- Que las curvas de las funciones se asemejan a la delgada línea ligeramente curvada que se posa en tus labios cuando sonríes.
- ¿En serio? Pues no me había dado cuenta...
- En cambio yo, me he pasado toda la clase pensando en la belleza que esconde esa sonrisa.
- ¿Y cuáles ha sido tus hallazgos?
- Que aparentemente eres feliz.
- Y eso, ¿te hace feliz a ti?
- Claro.
- Entonces, ¿cuál es el problema?
- Que me encantaría formar parte de esa felicidad.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Huellas


Son las 6 de la tarde, y la lluvia no ha hecho más que avanzar en su débil llanto. Llevo días esperando este momento, esta tarde, y lo último que me imaginaba, es que fuera a ser así. Gris. Estoy impaciente, así que cojo el primer paraguas que encuentro a mano y salgo de casa, con incertidumbre y pájaros en mi cabeza. No sé exactamente qué es lo que va suceder, ni tampoco he planeado las palabras que voy a decir, pero mis pies avanzan velozmente tras las lágrimas que va dejando la lluvia, oyendo el sonido que hacen al pasar mis pies sobre ellas. Charcos, y más charcos. Edificios, árboles, pasos de cebra... todo sigue en su sitio. Qué tontería, ¿acaso iban a desplazarse a otro lugar? Solo porque sea hoy, justamente hoy... Debería volver ahora mismo, retroceder. Hace frío en la calle, mis manos están heladas y...¿pero qué diantres? Un poco de valor no me vendría mal ahora mismo. Sigo andando, y empiezo a imaginar si llevará mucho tiempo esperándome y qué se le estará pasando por su cabeza. Lo que voy a hacer ahora es...arriesgado, creo que esa sería la palabra exacta. Una parte de mí sabe que no siento por él algo que se pueda llamar amor, la otra me dice que sé que me gusta (un poco bastante) , y una tercera me recuerda que quizás sea un modo de borrar algo que no puedo tener. De borrarte, de ahogarte en uno de estos charcos que piso, pero con rosas. Venga, no puedo evocarte ahora que estoy decidida a dar un paso. Decidí olvidarte, ¿recuerdas? Cueste lo que cueste, aunque no sé si este va a ser justamente el precio a pagar... Estoy tan embaucada en mis propios pensamientos, que ni si quiera me doy cuenta de que ya he llegado. Mis ojos buscan y... allí está él, con esa sonrisa de siempre, que lo inunda todo de luz. Ahora la lluvia queda en un segundo plano, es como si se hubiese vuelto a hacer de día, irradia energía por doquier.


- Vaya, vaya... la puntualidad es tu fuerte, ¿eh señorita?,- y añade un guiño que me arranca una sonrisa.
- Que pronto vas buscando pelea...¿llevas esperando mucho? Si solo llego 5 minutos tarde...
- Mmmm... no exáctamente 5, sino 10. 10 minutos tarde. 10 minutos empapándome de lluvia, estornudando y pensando por qué narices no habré cogido un paraguas.
- ¡Jajaja! Creo que tengo la respuesta a tu segunda inquietud...
- A ver, sabelotodo. Soy todo oídos.
- Es simple, no puedes vivir sin el agua, ¡está sediento! ¡Jajajaja!

Me mira con una pizca de escepticismo en sus ojos, como si acabara de soltar la mayor chorrada del mundo, y en verdad tiene razón. Nervios...no puedo controlarlos.

- No me sorprende tu ''brillante'' sentido del humor, es más, creo que cada vez me estoy acostumbrando más a él.
- Y eso es...
- Divertido, extraño, diferente... qué más da, eres tú misma. Y eso es genial.

Ay. Silencio incómodo. Me mira, y siento calor que asciende por mis mejillas. Agacha su cabeza a mi altura. Se acerca, se acerca demasiado... ¡demasiado! ¿Y mi mente? ¿Dónde se ha metido mi sentido común en este preciso instante? Piensa algo.... ¡rápido!

-¡Café!

Se detiene en seco y me mira extrañado. Dios mío... ¿no podría haber dicho otra cosa?

- Quería decir que si te apetece que te invite a un café, es que me estoy quedando helada...
- Esto, sí, claro. Es una buena idea, yo apenas siento mis manos. Pero, invito yo, ¿eh?
- Como quieras,- y añado una débil sonrisa.

Despliego el paraguas de nuevo, y avanzamos juntos charlando sobre cualquier cosa que se nos ocurre. Él no para de hablar, pero en vez de escucharle, pienso que ha estado tan cerca de...

- ¿Entramos aquí?,- interrumpe mis pensamientos señalando una cafetería.
- De acuerdo.

Nos sentamos en una mesa pequeña, con dos sillas y un cenicero sobre esta. Mientras me quito el abrigo y lo dejo sobre una de las sillas, observo el local, la gente que hay... Un grupo de amigos riendo, una pareja discutiendo sobre... ¿casas?, otra pareja acurrucada... Y humo, mucho humo en el ambiente cargado, tabaco oliendo por todas partes. Me siento y le veo en frente, y una oleada de emociones recorre mi cuerpo. Vale, lo admito, me gusta. Me gusta mucho. Y desgraciadamente es todo lo que puedo decir, porque mi corazón no va más allá de eso. Solo me gusta pero, ¿podría llegar a quererle? 'Inténtalo', dice una diminuta voz en mi cabeza. ' Es el único camino', opina otra. Está bien, está bien... Cierro por un momento los ojos, y cuando vuelvo a abrirlos, me siento como una preadolescente tonta que ha iniciado hace poco el viaje hormonal, pero no pienso soltar una risita de esas tontas... Llega el camarero y pedimos. Para mí, un descafeinado con leche ( y mucha azúcar que le añado después), él pide un simple café con leche. Empezamos a hablar, y no sé por qué, le noto algo distraído, absorto en algo, no sé. Quizás le preocupa algo, o quizás son tan solo imaginaciones mías. Llega el café y con él, las risas. Empezamos a recordar el momento en el que nos conocimos, ese terrible día, donde estuve apunto de tirarle de los pelos... Literalmente hablando, claro. Ese día, el día en el que por un instante le odié, pensé que cómo era posible que una persona pudiese ser tan extremadamente irritable, y ahora, no me puedo creer que estemos sentados en una cafetería, un día de frío y lluvia, tomando café como aparentemente dos personas civilizadas. Bueno, él tampoco se lo cree. La tarde avanza bien, pero yo tengo que marcharme pronto, a pesar de lo a gusto que estoy con él. Exámenes, siempre interponiéndose entre los acontecimientos importantes... Llegamos al lugar donde hace un par de horas nos habíamos mirado fijamente a los ojos, donde habían saltado chispas. Creo que, si lo intenta de nuevo, estoy preparada. Comienza a hablar de nuevo, se acerca pero, en vez de darme un beso, me da algo incluso más íntimo: una confesión, un secreto bien guardado.

- Oye Alba, tengo algo que contarte...,- mi corazón se acelera, pero creo estar segura de querer oír lo que va a decir. Ya no hay vuelta atrás...
- Esto... dime, ya sabes que siempre estaré para escucharte. ¿Qué es lo que pasa?

Empieza a caminar de un lado hacia a otro, nervioso, sin saber a donde mirar, ni siquiera me mira esta vez a la cara.

- Bueno, allá voy. Quiero que sepas que ha sido una decisión difícil, porque, significas mucho para mí y... en fin, yo, estaba algo confundido cuando lo dejamos pero, hemos estado hablando y en parte, creo que las cosas están mejor, así que....

Pero, ¿qué está diciendo? No lo entiendo, yo... ¿Qué quiere decir con eso? Y segundos después, se arma de valor, y la respuesta llega...

- Voy a volver con ella.

... como una puñalada. Ha sido una muerte rápida, pero dolorosa. Aunque sé lo que acaba de decirme mi mente está algo confusa y, dios yo, no se qué hacer ahora mismo. No puedo mirarle a la cara, no puedo sacar voz de ni el más recóndito sitio donde ha estado presente esta tarde. No puedo mirarle, no puedo mirarle a la cara, no puedo... Debo de haberme quedado paralizada, por el frío, por sus palabras, por todo. El mundo ha desaparecido instantáneamente, como una foto de carrete mal revelada. Siento sus manos en mis mejillas, alzando mi cabeza para que le mire. ¿Se supone que debo ser yo la que diga algo ahora? ¿Qué quiere oír? ¿Qué me ha hecho daño? ¿Qué no esperaba esto? ¿Qué le suplique un razonamiento más extenso de lo que ha decidido? No, ya está bien de llorar, de realizar largos paseos por el sendero de la tristeza. Sin embargo, aún sin esperarlo, él habla otra vez:

- ¿Estás bien?,- ahora ya se atreve a mirarme a los ojos, aunque ya no es como antes, claro, su magia se ha ido, y ahora mismo no me importa mucho recuperarla.
Intento sacar fuerzas de algún sitio, de la cafeína, por ejemplo, para decir algo que ponga fin al diálogo, a esta maldita tarde de lluvia.

- Sí, yo... lo entiendo,- primera mentira,- es normal, os queréis...,- segunda mentira,- y supongo que ella también te quiere a ti,- la mentira más grande de todas.

No voy a ponerme a llorar, aunque quiera, aunque....
Necesito escribir. Necesito desahogarme. ¿Qué es lo que he hecho mal?

No soy capaz de añadir algo más, y doy media vuelta antes de que las primeras lágrimas asomen por mis ojos. Pero me detiene, me coge del brazo, y la última de las esperanzas que conservo, espera impaciente a que añada algo más que sea capaz de reconstruir algo de lo que ha roto.

- Una cosa más, no creo que sea conveniente que volvamos a vernos,- ahora sus ojos son hijos del hielo, y sus palabras unas de las pocas gotas que caen sobre nosotros dos, con fuerza, causando daño,- adiós Alba, siempre voy a quererte.

Creo que eso sobraba. Creo que eso se ha quedado clavado en mi corazón, como una de esas canciones que escuchas una vez en la radio, te gusta, te aprendes la letra de memoria, la tarareas continuamente... Aunque, sin duda, esta sería la sinfonía más triste de la Historia. Empiezo a caminar de nuevo, cuando su silueta ha desaparecido ya a lo lejos. Después de cinco minutos andando, percibo que no llevo el paraguas encima; debo de habérmelo dejado en algún sitio pero ya da lo mismo, no pienso volver, y ahora ni si quiera está lloviendo. Leyes de Murphy... empieza a llover. Con la mayor fuerza e intensidad con la que una nube puede descargar su furia. Tengo más frío que antes, y unas intensas ganas de llegar a casa, y de no pensar. Empiezo a llorar, con incluso más intensidad que la nube que se encuentra sobre mí, pero eso tampoco me importa, porque mis lágrimas se camuflan ahora con las gotas de lluvia. No estoy segura de qué va a suceder a partir de ahora, y tampoco estoy segura de si a mi corazón le quedan latidos por dar, algo que me demuestre la certeza en este mismo instante de que estoy viva, calada hasta los huesos, y de que esto no es una pesadilla. ¿Sabes? Ahora empiezo a pensar otra vez en ti, y piso en los mismos charcos donde hace unas horas te hubiese ahogado junto con pétalos de rosa. En este mismo instante me gustaría que aparecieses, que me dijeses que no pasa nada, que todo va a salir bien. Hoy la lluvia ha dejado grandes huellas irreversibles en mí, y para colmo, tú tampoco estás aquí conmigo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

¿Es demasiado pedir?


Que todo vuelva a ser como siempre, que los pensamientos encaucen cada uno en su sitio & que ni el más sencillo de tus recuerdos vuelva a molestarme jamás. Voy a asumirlo, voy a hacer que todo encaje en su sitio, aún sintiendo el miedo de volver a caer de nuevo. Otra vez. Me impides pensar con claridad, respirar sin sentir que los átomos chocan contra la gravedad de este mundo, el simple hecho de cerrar los ojos & a la par ver amanecer los tuyos en esta oscuridad. No me perteneces, nunca lo has hecho. ¿Por qué entonces esta ansiedad? Te busco cuando la ocasión se presenta, pero parece ser que ninguna ocasión es buena para dar con respuestas. ¿Y él? ¿Qué le diré a él? ¿Seré capaz de rechazar la felicidad que me tiende en la palma de su mano? Él es capaz de enseñarme la vida de un modo diferente, distinto al que yo contemplaba, tan real... Pero, aún así, desearía sentir por él lo que siento por ti. Desearía poder abrirle mi corazón de la misma forma, pero no soy capaz, no puedo. No puedo hacer que mi amor cambie de sentido, que se traslade a una vía diferente, que lo recoja alguien que tiene claros sus sentimientos... Y sé, que estoy pidiendo demasiado. Y lo peor de todo, es que no se que opción es la mejor. ¿Ves que complicado resulta todo esto? Si yo pudiese amarle de la misma manera, verle con los mismos ojos con los que te miro a ti....entonces, solo entonces, nada tendría que cambiar, mi felicidad sería compartida... Ahora que lo pienso, tú ni siquiera sabes que me estoy refiriendo a ti así que, solo puedo dejarte la promesa de algo que espero no sea efímero: Te olvidaré, cueste lo que cueste, sin batallas de por medio, sin poesías que alimenten mi tristeza, sin nada. Simplemente lo haré pensando que quizás tú quieras lo mismo. El olvido es una puerta para la que desgraciadamente aún no he dado con la llave, aún así, ¿te parece bien que intente pasar?




Maybe,Things i'll never say
''I’m tugging at my hair

I’m pulling at my clothes
I’m trying to keep my cool
I know it shows
I’m staring at my feet
My checks are turning red
I’m searching for the words inside my head


(Cause) I’m feeling nervous
Trying to be so perfect
Cause I know you’re worth it
You’re worth it
Yeah



If I could say what I want to say
I'd say I wanna blow you... away
Be with you every night
Am I squeezing you too tight
If I could say what I want to see
I want to see you go down
On one knee…
Marry me today
Yes, I’m wishing my life away
With these things I’ll never say



It don’t do me any good
It’s just a waste of time
What use is it to you
What’s on my mind
If ain’t coming out
We’re not going anywhere
So why can’t I just tell you that I care



What’s wrong with my tongue
These words keep slipping away
I stutter, I stumble
Like I’ve got nothing to say



Yes I’m wishing my life away with these things I’ll never say
If I could say what I want to say
I'd say I wanna blow you...away
Be with you every night
Am I squeezing you too tight
If I could say what I want to see
I want to see you go down
On one knee
Marry me today
Yes, I’m wishing my life away
With these things I’ll never say
These things I’ll never say''